8 Jul 2010

Corazón cola de lagarto

Se puede uno cruzar solo unos meses con un grupo de personas y hacer buenos amigos.
Después,  inexorablemente, cada quien seguirá su propia vía. A veces puede uno despedirse. Otras definitivamente no. 
Leo el escrito de un amigo dejado en desazón por un amigo suicida y pienso que es igual cuando alguien se va  de viaje y uno se da cuenta que nunca lo volverá a ver.
A veces no se podrá reencontrarse. No. Se puede poner como condición la fuerza de la amistad para esperar un reencuentro, pero eso no siempre será suficiente para volverse a ver. Es mas una suerte auto-engaño que permite diferir la fatua esperanza en años.
Dice mi amigo que ese brusco proceso de separación se le llevó un pedazo de su alma, ahí entiendo que es lo mismo que yo siento hoy. Hay momentos así que algunos los recibimos cual rito azteca donde se ofrece al Sol nuestro corazón palpitante recién extirpado.
(Broken Heart by Le Jhe CC2.0-BY-NC-SA)
¿No será entonces que de eso se trata? ¿De partir  mi corazón en trozos y repartirlo amablemente como pastel de boda, teniendo claro que cada uno de sus dueños puede jalar y rasgar su parte e irse donde es libre de hacerlo? ¿No será que es así como debo aceptarlo, sabiendo que después podré, desde esa agonía, regenerar nuevos trozos para nuevos amigos? 

¿Y qué del montón de hilos con pedazos secos y viejos de otras almas, que traigo detras mio como simples adornos que rebotan y se arrastran?

Sagos.
16 Jun 2010

Despertar - 3 -

Los dados de Dios
Recogió las cuatro figuras volumétricas con su extremidad izquierda, y sin sacudirlas, las lanzó contra el cúmulo de galaxias más grande que se movía imperceptible en la oscura inmensidad del gigantesco tablero.

Ingresó con pasos lentos e inseguros, al tiempo que observaba desconcertado el extraño acabado arquitectónico del lugar.
-Entonces… ¿Esto es todo?- preguntó, algo ansioso pero con un leve dejo de desilusión.
-¡O no! Claro que no. Hay mucho, mucho más, tanto que…- la voz se detuvo. Y al continuar, él pudo notar como el tono de la misma se impregnaba con algo de duda y fastidio-. No me lo tomes a mal. Pero, lo cierto es que ni siquiera vale la pena el esfuerzo de intentar darte a entender la magnitud de todo lo que hay. ¡Pero oye!- el tono sonó burlón esta vez-. Aquí me tienes. Nadie, de entre los tuyos, podrá jamás decir lo mismo.
-¿Si? bueno, no se perderán mayor cosa- interrumpió sarcástico y un poco molesto por la sinceridad de la respuesta.
-Si tú lo dices… - agregó aquella voz, en tono condescendiente.
El eco de las últimas palabras resonó levemente antes de extinguirse. Mientras, él seguía mirando de un lado a otro la inmensidad de aquel sitio, intentando grabar en su mente cada una de las formas que adornaban las gigantescas paredes.
-Así que… ¿Realmente eres tú?- le interrogó.
-Preguntas cosas para las que ya tienes respuestas. Creo que esto fue una mala idea.
-¡Oye! Fue tú idea.
-No, no lo fue.
-¿Es tanto pedir una respuesta directa?
-Como quieras chico. Es tu tiempo-. Un suspiro de resignación se dejó escuchar y continuó-. Soy lo más cercano a una representación física que pueda adoptar, para presentarme fielmente en tu estado de realidad, de forma tal que las repercusiones de este encuentro no afecten otra cosa distinta a tu memoria. En pocas palabras, ya que estoy limitado a ellas en este instante… Un poco más de mi frente a ti, sería transformarte a ti en una obtusa nada ante mi. ¿Y no queremos eso? ¿O si?
-¡No!-. Sin embargo tardó algo en responder, y obviamente, sabía que su duda había sido percibida-. ¡Claro que no!-. Se apresuró a declarar nuevamente, intentando convencerse más así mismo que a su interlocutor.
-¿Algo más?- esta vez la voz sonó impaciente.
-La verdad, creo que es todo lo que una vez pensé que sería. Realmente no tiene mucho sentido hablar contigo- afirmó algo desanimado.
-Bueno, el sentimiento es mutuo.
La respuesta no lo disgustó, pero lo hizo sentirse como un desahuciado que encontraba una última y recóndita necesidad de seguir viviendo, una necesidad que solo haría más dolorosa su agonía. Así que decidió no callar aquel momento, aun sabiendo que estaba de sobra el intentar vocalizar todo aquello que sentía y pensaba.
-Nunca comprenderás la soledad, el vacío, la descomunal sensación de ausencia que desesperadamente buscamos llenar con lo que encontramos más conveniente. No entiendes que es un completo caos allí abajo y nada de lo que hacemos parece tener sentido y sin embargo continuamos incansablemente intentando encontrárselo a algo.
-¡Si lo comprendo!- se apresuró la voz a replicar-, créeme. Lo entiendo, otra cosa muy distinta es que no me interese.
-¿Como puede ser eso posible?- se odió por la credulidad que implicaba aquella pregunta.
-Lo pondré de esta forma- respondió la voz-. Un cocinero comprende de matemáticas. Entiende que uno y uno son dos, pero tú y yo sabemos que además de usar los números para sus recetas, no tendrá jamás un mayor interés en la complejidad de la aritmética pura.
-¿Acaso podemos ser tan complejos?- preguntó, intentando darle algo de crédito a su especie.
Una carcajada resonó atronadora, y todo el lugar dio la sensación de tambalearse un poco. Sintió que su cabeza podría explotar allí mismo, y como un reflejo de supervivencia se llevo las manos a su cabeza, cubriendo sus oídos, intentado apaciguar aquella extraña sensación que sin embargo no le causaba ningún dolor. Paulatinamente la estruendosa risa fue disminuyendo hasta que finalmente se detuvo. Se descubrió los oídos y bajo sus brazos. Aquella voz finalmente respondió.
-El cocinero no estudio aritmética porque le pareciera compleja, simplemente la encontró… aburrida.
Un silencio inundó el lugar.
-Creo que es hora de irme- dijo, a la vez que daba media vuelta para buscar el lugar por donde había ingresado-. Lamento realmente que nos encuentres tan tediosos como para que no puedas poner un poco más de atención a lo que sucede.
-¡Hey! no puedo hacer más de lo que ya hice- sentenció la voz, buscando algo de comprensión.
- Te creo- concluyó él, mientras iniciaba su camino hacia la salida-. Espero que los demás puedan entenderlo algún día.
-Bueno, siendo sincero contigo, me tiene sin cuidado pero, si lo logran, tal vez sería interesante verlo.
-Supongo que esta es la despedida entonces.
-Nunca se sabe chico, nunca se sabe.
-Adiós- termino diciendo, un tanto apesadumbrado.
-¿A mi?
La respuesta a su despedida, en forma de pregunta, hizo que se detuviese en la entrada y observará por encima de su hombro a quien le hablaba.
-Era broma- agregó la voz-. Sé que no te hizo gracia. Vete ya.
 

Thisbandit
12 Jun 2010

Aprendiendo a llorar

("Breathe me/ Every time you close your eyes ...")
Sintió ganas de llorar.
Era la misma sensación, asi que supo que no pasaría, hacía ya unos 10 años y no recordaba cuántas veces en las que quiso, o debió, llorar, no sucedió.
Escuchaba música como cada día en su viaje de dos horas en tren.
-No debí leer ese puto correo- Pensó. -Pude esperar hasta regresar en la tarde- Se quejó desaprobando con la cabeza. En ese momento reconoció la canción.
-Happy you're gone- Se dijo- Para terminar de arruinarme el día. -Suspiró profundo, lento. -No es bueno hoy para estar aquí solo-

Una señora estaba sentada unos puestos adelante de frente, parecía su única compañia en ese vagón. Afuera estaban las nubes, el cielo amplio sin montañas, el tren casi vacio cruzaba canales, pueblos, campos verdes con vacas. Era un día de primavera, bello como los días de primavera. La temperatura había subido que se podía salir sin chaqueta, y la vida se apresuraba a crecer. Había que detenerse a darse cuenta de la belleza y él no lo hizo.

(El teclado marcó unos puntos suspensivos)
Sintió de nuevo ganas de llorar.
(...)
Ahí supo que si pasaría...

("How many times/ How many times...")
Comenzó cómo un impulso lento, no sabía cómo manejarlo así que hizo una fea mueca para ayudarlo a salir, una horrible cara cómo la de un dolor repentino en la espalda.
Sin lágrimas aun, se quitó los lentes y se tapó la cara con ambas manos. En ese punto sintió al sentimiento crecer rápido.
(Sonaba con furia una bateria y una guitarra aguda iba, venía y luego chillaba alto.)

Lloró. No le importó cúanto.

El tren se detuvo, entonces se enderezó y aspiró fuerte por la naríz. Por lo menos le alcanzó para llenar los ojos y soltar algunas gotas tan saladas que le ardían cómo si salieran hirviendo y él desde su asiento en el segundo piso del tren vió personas bajar y subir afuera. Agachó la cabeza de nuevo cerrando los ojos, una gota más le bajó a la punta de la nariz y cayó en su camisa. No sintió las cosquillas mientras bajaba, pero sí el ardor en los ojos. Tratar de secarse con la mano solo lo empeoró.
La señora, que volvía a sentarse al frente unos puestos adelante, volteó la mirada cuando él la descubrió. A él no le importó, ni notó que ella se sonrojó antes de colgar su chaqueta para que les cubriera la línea de visión.
Lloró de nuevo porque pudo, no por la noticia ni porque el día se armara mal. Fue un placer de segundos que seguramente no volvería en otros 10 años.
El tren ya había partido hacia el siguiente pueblo, se sacudía de izquierda a derecha mientras cambiaba de carriles. El sonido se aislaba bien adentro.
Habría terminado de escuchar la canción pero tuvo que interrumpirla cuando un Polizist de casi dos metros se le acercó a decirle algo que no entendió.
-Sprechen Sie English?- Alcanzó a preguntar atolondrado levantándose.
-Could you please show me your Passport sr?- Dijo el agente rubio, acompañado por dos más con camisa azul clara.
-Of course- Parpadeó buscando espabilarse.- It's everything OK?-
-I hope so- Le respondió y le sonrió levemente apenas estirando la boca cerrada.

Habría sacado tiempo para reparar el día, si no hubiera sido interrogado y su visa verificada en las bases de datos alemanas de inmigración sin que reportara novedades.
Seguramente habría llorado de nuevo, pero ya no pudo, esperó el proceso pensativo, con los ojos abiertos un poco más de lo normal por la sorpresa. Continuó asi el resto del viaje.

 

Sagos

Nictalopes's Posterous

Habitantes del salón nictálope

Contributors

Daniel Sagos