8 Jul 2010

Corazón cola de lagarto

Se puede uno cruzar solo unos meses con un grupo de personas y hacer buenos amigos.
Después,  inexorablemente, cada quien seguirá su propia vía. A veces puede uno despedirse. Otras definitivamente no. 
Leo el escrito de un amigo dejado en desazón por un amigo suicida y pienso que es igual cuando alguien se va  de viaje y uno se da cuenta que nunca lo volverá a ver.
A veces no se podrá reencontrarse. No. Se puede poner como condición la fuerza de la amistad para esperar un reencuentro, pero eso no siempre será suficiente para volverse a ver. Es mas una suerte auto-engaño que permite diferir la fatua esperanza en años.
Dice mi amigo que ese brusco proceso de separación se le llevó un pedazo de su alma, ahí entiendo que es lo mismo que yo siento hoy. Hay momentos así que algunos los recibimos cual rito azteca donde se ofrece al Sol nuestro corazón palpitante recién extirpado.
(Broken Heart by Le Jhe CC2.0-BY-NC-SA)
¿No será entonces que de eso se trata? ¿De partir  mi corazón en trozos y repartirlo amablemente como pastel de boda, teniendo claro que cada uno de sus dueños puede jalar y rasgar su parte e irse donde es libre de hacerlo? ¿No será que es así como debo aceptarlo, sabiendo que después podré, desde esa agonía, regenerar nuevos trozos para nuevos amigos? 

¿Y qué del montón de hilos con pedazos secos y viejos de otras almas, que traigo detras mio como simples adornos que rebotan y se arrastran?

Sagos.