Estudiante busca trabajo
Salí a trabajar el Lunes. Faltaba más de un mes para comenzar clases, asi que había pedido una cita en las oficinas del puerto, que quedan en el centro muy lejos del embarcadero, y me la dieron para el Lunes a las 05:50. No era exactamente en la planta de fabricación de automóviles. El trabajo sería en la zona donde se embarcan decenas de miles de autos semanalmente en grandes trasatlánticos. En general se necesitan personas para conducir los autos hacia el barco y otras para asegurarlos allí dentro.
Me levanté de noche aun y me bañé. Como es verano me puse solamente un bluejean y una camiseta. Tomé mi solicitud, mi pasaporte y salí en bicicleta en una mañana muy fría. Pedaleé con el mismo viento del noroeste de Alemania que parecía de principios de primavera maldiciendo no haberme fijado en el pronóstico del tiempo. No pensé que lloviera porque el Domingo no hubo nubes en el cielo.
Seguí porque nunca había ido a ese lugar y no quería llegar tarde. Para muchos aquí eso es un pecado, en el que yo, torpemente, ese día caería.
Antes de tomar la recta hacia el puerto, debí esperar el cruce de un tren. Fue ahí donde comenzó. Me detuve en la siguiente estación de gasolina y gasté unos minutos esperando a que escampara. Sequé mis gafas con la misma vana esperanza. Luego decidí continuar.
Ese día despertó una migración de gusanos pardos como babosas gigantes. Salian de sus arbustos hacia la calle, con la primera lluvia del verano. Como salen las personas con el primer sol de la primavera. Estuve a punto de aplastar varios en su paseo para tomar la lluvia.
–Las fotos de Google maps eran completamente diferentes a la realidad –Me disculparía con Mónica al regresar a la habitación.
Asi era. El puerto creció el doble desde que se publicaron las imágenes satelitales. Apareció también una puerta nueva, en la segunda curva. Al frente de una estación de gasolina que no existía en el mapa que me mostraron. O para ser mas preciso, nada de eso estaba en las pocas indicaciones que entendí. Me acerqué, le pregunté al portero y aparecía en su lista. Nunca se me ocurrió preguntarle cómo encontrar la oficina. Entré suponiendo que debía bajar hacia la orilla del mar y voltear a la derecha. Pues habría entrado antes de lo previsto.
Esa decisión me llevó a darle una vuelta de casi media hora a un parqueadero inmenso de Volkswagen nuevos. Inmenso, repito. Atravesé mil hileras. Busqué una puerta al otro lado de los autos pero no estaban abiertas, entonces me devolví.
(Gråvejr 1 by Bechster CC2.0-BY-NC)
A lo largo del parqueadero estaban los aerogeneradores. Sus aspas largas amenazaban recogerme para lanzarme al mar. El mar era gris oscuro, estaba quieto, áspero, no tenía horizonte. El cielo tapado con espuma de muchos grises. Sobrepasé un charco para mojar lo que me faltara y recordé una noticia sobre miles de autos afectados por una tormenta eléctrica, entonces me alejé un poco de la reja hasta salir. Ya había perdido la noción de la hora.
Esta vez tomé la decisión izquierda. Buscando encontrar una forma de llegar a donde creía que era la oficina. En esta dirección sí había edificios y casi al final, después de un puente, un humano. Me acerqué a la señora con overol azul. Esperaba a su compañero para salir a trabajar y le pregunté por la oficina de personal. Ya solo lloviznaba.
–Cuál firma? –Dijo, amablemente, en un Alemán claro.
–Hmm!? –Dudé y levanté los hombros.– El Puerto –Respondí. Ella sonrió–:
–Son muchas firmas –Miró mi solicitud. –Ach so!– Sonrió de nuevo y me señaló una ventana–:
–Es aquí en Capacitación, segundo piso– Me reparó de pies a cabeza.
–Danke!
–Bitte.
Me bajé de la bicicleta, casi como si saliera del agua. Subí las escalas. Olvidé que acá el segundo piso no es el segundo. Toqué una puerta y un señor me dijo que no era ahí, sino en Capacitación en el segundo piso, y que además iba tarde. Subí otro piso pero allí la capacitación ya estaba terminando.
–Vienes muy tarde –Me regañó el encargado, muy serio– No más por hoy. Debes pedir una cita de nuevo –No es que hablaran con frases tan cortas todo el tiempo, tampoco es que transcriba sólo lo esencial para no aburrirlos con díalogos largos. Es la parte que entendía.
Me devolví a casa. Esa vez no me fijé en los gusanos paseadores que cruzaban la vía.
Entré de nuevo en la ciudad. Al llegar al primer semáforo, la lluvia me estaba esperando y dos cuadras antes de la residencia, se volvió un aguacero de gotas grandes. La señora que hacía limpieza me vió y me abrió antes de que sacara mi llave.
–La ONU discute la posibilidad de declarar el agua como un Derecho Humano– Pudo haberme dicho. La verdad no le entendí nada.
–Ja. Sehr schlecht! –Le respondí y me seguí.
–Los de Google deberían actualizar las imágenes cada 3 meses por lo menos –Le sugerí a Mónica, despues de cambiarme de ropa.
–Deberíamos estudiar más Alemán, mejor –Me corrigió y me apretó debajo de las cobijas.





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