La luna por ti.
Fue un milagro que me escribieras ese dia. Que me respondieras en hojitas arrugadas y con letra temblorosa bajo esa noche de Mayo.
Ya todos se habían ido. Yo había estado esperando a que aparecieras. Sentado en la primera banca. Imaginando de mil formas lo que haría y diría en el momento en que te viera. Había estado rogando a algún dios te dejara salir esa noche con nubes, a dejarme ver tu cara.
Pensé que ya no vendrías y viniste. Pensé que esa noche podría besarte por primera vez, pero no. Y Pensé que otra vez podíamos hablar por horas y horas hasta que la luna celosa nos llamara a separarnos. Pero tampoco fué asi. Viniste. Encantaste. Firmaste y te fuiste sin que ella bajara por ti.
Fué un milagro que vinieras sin cortesías. Sin decir hola. Que me arrebataras el librito de notas y comenzaras a pasar las pequeñas páginas sobre la cubierta de aluminio adaptada ya a la curvatura de mi billetera. Que leyeras mis sueños y mis preguntas, mientras yo te miraba sonriendo. Vos actuando severa, sabiendo que yo no quería perderme ningún movimiento en tu cara que no se movía. Que finalmente alcanzaras esa pregunta como si ya la supieras, como si yo esperara que la respondieras, y que te atrevieras a contestarla. Permitiendote sin que te fuera necesario reclamarlo, tomar mi lapiz y escribir esa respuesta que superó mi sueño mas loco. Y después correr a casa sin mirarme, cerrando un acto perfecto, para mi desconcierto. Sin atreverte a despedirte, para mi tristeza. Pero dejandome aquel bello mensaje, para mi felicidad. Un mensaje nervioso a un lapiz inquieto en una mano agitada. Esa mano que terminó de escribir, soltó todo cerca mio y se alejó con tigo, con tus ojos que no vi en ningún momento y con tu boca que apenas se movió para decir que esperara a estar en casa para leerlo.
Mónica alejándose de mí cuando yo más deseaba estar con ella. Mónica una vez más volándome la cabeza. Dejándome con la banca de cemento a un lado del parque.
Una respuesta y un mechudo de buzo roto. Una banca y un lapiz. Un parque y una noche de Medellín. Ahí sin ti. Ahí contigo para siempre. Y te ibas. Y yo no me daba cuenta de que al contrario te me pegabas mientras corrías lejos de mi. De que te me juntabas mientras subias hacia tu casa y yo desconcertado me rascaba el cabello y te miraba ignorante de lo que esas lineas a lapiz le harían a mi vida. De que tu alma había sido fijada a lapiz en una hojita amarilla para después fijar la mia. Ignorante de cómo ese parque se escribía definitivamente en mi cabeza para ser el escenario de muchos de mis sueños futuros.
Ya tenía entonces, un escenario nuevo y la protagonista con contrato sempiterno. Pero no lo sabía.
Y tal vez nunca lo supe del todo.



Comments 1 Comment
me hace rcordar algunas emociones bastante olvidadas.. jeje.. pero por ahora no las extraño lo suficiente.
Muy bueno, my friend!!