Nictalope.com http://nictalope.com El antiguo Momento Nictálope. posterous.com Tue, 24 Aug 2010 15:46:00 -0700 Impulsus http://nictalope.com/impulsus http://nictalope.com/impulsus
(Cadaver exquisito experimental mostrando el último párrafo) 
 

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Ya estaba comenzando a olvidar lo que se sentía estar en el exterior, lo sueños recurrentes acerca de su vida anterior estaban perdiendo fuerza. A veces se asomaba por la ventana cuando escuchaba a alguien salir a morir quemado por los gases asentados luego del advenimiento; pero no lo hacían por querer morir sufriendo, sino por el desespero al encierro o por locura.
 
El problema de estos gases además de producir una muerte agonizante, es que si se está expuesto por poco a tiempo a ellos (lo suficiente para no matar), logran degenerar el sistema nervioso central alterando la conducta del individuo hasta el punto de la psicosis. Ocho años atrás era común ver grupos de personas matándose entre sí sin sentir ningún tipo de dolor, golpeándose, devorándose hasta morir desangrados, desmembrados y sin órganos; esto debido a que se carecía de un sistema de aislamiento entre el exterior y las compuertas de salida provocando la filtración de los gases, pero luego se implementaron cámaras herméticas que “han reducido la probabilidad de contaminación en un 99%” según claman, pero los hechos develan otro escenario.

Hace diez años que está confinado a los complejos interconectados y subterráneos; el oxígeno es depurado por medio de un conjunto de filtros especiales que -teniendo en cuenta la rapidez de su instalación prima- parecen haber sido desarrollados tiempo atrás como previendo lo ocurrido.

Sin embargo, luego de contar los días, los meses, los años de una solitaria vida recorriendo aquel extenso, húmedo y oscuro laberinto de pasillos, pasajes y pasadizos, el pensar que alguien hubiese anticipado aquel singular evento y solo se hubiera dedicado a lucrarse con una descomunal franquicia de filtros para aire, sonaba a una idea descabelladamente cruel. Pero había que aceptar que no dejaba de ser una idea, descabelladamente humana.

Diez años, rodeado de moho y vapor. Diez años añorando el recuerdo del último atardecer marino. Y de despertar una y otra vez con la respiración agitada, creyendo escuchar el suave murmullo del sonido de unas olas que mecen el insomnio de una humanidad ya extraviada. Una que todavía cree, durante ese pequeño instante antes de abrir los ojos, que la humedad en su cuerpo es causada por una fresca brisa salina y no por el sudor frío que produce una claustrofobia todavía en estado larval.

Sin embargo, de nada servía estar convencido de que media vida bajo tierra había sido suficiente, la otra opción era una superficie devastada y tóxica de la que únicamente se podía reciclar un aire pútrido, que a pesar del sistema de purificación instalado en los diversos complejos, se sentía sucio y viciado, pero aún así, lo suficientemente respirable como para continuar con la extenuante labor que implicaba el construir un nuevo nivel, uno más grande y profundo.

 

Después de varias semanas la nueva cámara estaba casi lista. Pero cierto día, apenas armó su taladro para trabajar en el punto programado, comenzó un terrible temblor. Se dio como un terremoto normal y él quiso seguir el procedimiento de rutina, correr para salir a gatas por el pequeño túnel de emergencias pero una gran roca filosa había roto las protecciones extra y lo bloqueó de forma que le permitía respirar pero no salir. Ocurrían temblores varias veces al año. Pero ninguno era muy fuerte ni duraba más de 30 segundos.
Se recostó en posición fetal y trató de olvidar los ruidos. Cerró los ojos. Ahí le vino la imagen del final de una tarde. El pequeño sol se ocultaba amarillo-anaranjado-café detrás de picos nevados muy lejos. Fueron unos besos delicados en el borde de sus labios los que lo despertaban de una siesta en el campo. Entonces la abrazó. Ella se sentó sobre sus piernas. El se sentó también y puso su mano entre la falda. Palpó todo su trasero mientras la besaba. Le pareció que era muy suave.
En ese instante fue donde pareció que el sol subía de nuevo. Se puso rojo, grande y la tierra tembló.

Duró unos tres minutos.
Apenas los ruidos cesaron se devolvió a la cámara y tomó su linterna del taladro, los derrumbes habían bloqueado las entradas a la cámara, el suministro de energía y el sistema de aireación principal, por lo menos le quedaba ese respiradero, tenía agua y comida para ese día, sin comunicación debía regresar al complejo superior por sus medios.

Por la compuerta izquierda se alcanzaban a escuchar grito s de ayuda y desesperación de algunos que habían quedado atrapados entre los escombros y que eran atacados por los alcanzados por los gases. No había manera de ayudarlos, y el poco tiempo que había era necesario emplearlo buscando un escape. A un metro fuera de la compuerta del ala derecha logró ver una vara que le serviría para abrirse paso por entre las rocas; cuando se agachó y estiró su brazo para alcanzarla, una mano se aferró a él como si quisiera desmembrarlo.

Pero no lo pensó dos veces, de un solo tirón se zafó de aquel mudo clamor de auxilio y alcanzó la vara, para luego alejarse rápidamente; no quería imaginar quien podría ser el dueño de aquella extremidad, que en ese instante perdía su última oportunidad de seguir vivo, porque sabía que de hacerlo seguramente ambos perecerían.

Después de unos días de pensar mucho, y cuando se recuperó de todo aquello, tomo un traje con máscara, provisiones e hizo lo necesario para abrir una compuerta y salir a la superficie.
Activó su radar y escogió una ruta. El sol no se veía, pero sí un gris más claro por encima de las nubes. En el peor de los casos podría parar unos días en otro complejo antes de seguir.
Sus pasos eran blandos por los centímetros de polvo que cubrían el suelo.

Sindestino

 

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